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Los vericuetos de la historia de la Refinería de Cartagena

La Refinería de Cartagena duplicará su capacidad de producción a 165 mil barriles diarios.

La Refinería de Cartagena, el mismo proyecto que le sacó “canas” al entonces ministro de Hacienda, Juan Carlos Echeverry –quien manifestó que su construcción debía costar US$3.400 millones pero costaría más de US$4.900 millones e incluso generó “encontrones” con el entonces presidente de Reficar, Orlando Cabrales Martínez–, es hoy uno de sus orgullos y podrá, por fin, ponerla en funcionamiento el primer trimestre de 2016.

Echeverry explicó que “espero prenderla (la refinería) en el último trimestre (de 2015). Prenderla es cargar crudo, que empiece a entrar petróleo y a procesar, pero no todas las unidades empiezan a funcionar al mismo tiempo”. El próximo año Colombia tendrá la refinería más tecnológicamente avanzada de Latinoamérica. Esta semana iniciaron pruebas con las primeras unidades. La tea, una estructura que tiene por función manejar los gases generados por la refinería, principió las operaciones.

Esta obra llega en momentos en los que el país sigue aumentando sus reservas a través de recobro mejorado (un proceso en el que se inyecta agua o gas para recuperar los hidrocarburos de pozos en declive). El procedimiento ha cobrado tal importancia que el 84% de las nuevas reservas que se incorporaron en 2014 dependieron de la recuperación secundaria o terciaria.

Así las cosas, la tendencia del país en materia de extracción de petróleo sigue siendo hacia los crudos pesados, lo que justifica, aún más, la entrada de Reficar ya que una de sus características principales es la capacidad de desarrollar procesos de producción profunda. Es decir, transformar un recurso bueno y uno que no lo sea tanto. Entre los combustibles que serán fabricados están gasolina, jet fuel (combustible de aviación), diésel de bajo y ultra bajo azufre, nafta, propileno, etileno, butano, propano, arotar, azufre y coque de petróleo.

El principal efecto que generará la entrada en funcionamiento de la totalidad de las unidades de la planta es que se dejarán de importar, de acuerdo con cifras de Ecopetrol, más de un millón de barriles al mes de combustibles como diésel, gasolina y jet. A su vez, dijo el ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, producirá un crecimiento del 8% en el PIB industrial impactando positivamente el comportamiento del Producto nacional.

“El país necesita que esa refinería entre en funcionamiento lo más rápido posible. Los costos de la refinería fueron más altos de lo presupuestado, por eso hay que evaluar si los costos que se pagaron por la obra se justifican o no. Ese es un negocio que tiene muchos vericuetos y hacer una evaluación de fondo no es fácil. Hay demasiados recursos puestos en ese proyecto y en la medida de que no produzca se convierte en un activo improductivo”, dijo el presidente de la Cámara Colombiana de Bienes y Servicios Petroleros (Campetrol), Rubén Darío Lizarralde.

Y es que la historia de Reficar tiene tantos traspiés que el anuncio de que en máximo ocho meses se prende, amerita hacer el recorrido, para hacerlo corto, desde 2006 cuando Glencore fue ratificado por Ecopetrol como su socio estrella. En su momento quien fungía como líder de la petrolera estatal era Isaac Yanovich. “Este fue un negocio brillante, que se realizó en un momento inmejorable por la situación de los mercados del petróleo nacionales e internacionales”, afirmó.

Todo era alegría. Una de las empresas privadas más importantes del mundo en la compraventa y producción de materias primas se había interesado por un proyecto como este, no había dado su brazo a torcer y le había ganado el pulso a Petrobras, otro coloso. La oferta hecha por la brasileña, US$595 millones, fue superada por la suiza, que ofreció US$630,7 millones.

“Ecopetrol aporta los activos (de la vieja refinería) a la nueva sociedad, y estos no serán de la nueva sociedad, no seguirán siendo de Ecopetrol”, explicó el presidente de la estatal en agosto de 2006. La meta decía que el país tendría su planta de refinación en 2010. Tres años después el fracaso de la alianza ya se anunciaba.

La luna de miel había sido más larga que el matrimonio y por falta de recursos Glencore había decidido dar un paso al costado. El hoy senador Álvaro Uribe amenazaba con retirar los contratos de la suiza en el puerto de Ciénaga (Magdalena), y en las minas carboníferas del César si incumplía, pero no bastó, eran otros tiempos y no había capital para la inversión.

Hernán Martínez, quien se desempeñaba como ministro de Minas y Energía, y el presidente de Glencore, Iván Glassenberg, se reunieron el lunes 17 de febrero de 2009 a las 7 a.m. y, como lo registró este diario, encontraron una “salida amigable”.

Glencore aceptó vender el 51% de las acciones que tiene en la refinería a Ecopetrol “siempre y cuando se pague un precio justo”, pero tampoco descartaba vendérselas a otra firma, señaló Martínez. Los incrementos en cerca de US$800 millones le habían pasado cuenta de cobro al consorcio.

El Espectador consultó al actual ministro de Minas y Energía, Tomás González, sobre esta historia: “Ese proyecto nos tomó hacerlo más tiempo del presupuestado. Las estimaciones generales no fueron las correctas”, manifestó.

La peregrinación ahora empieza para la Refinería de Barrancabermeja. Juan Carlos Echeverry, quien también padeció los problemas de la de Cartagena, tendrá el reto de modernizar la de Santander. Sin embargo, como él mismo advirtió, el plan que implica una inversión de US$7 mil millones no se podrá aplicar con la actual coyuntura. Por ahora, se desembolsarán US$350 millones en actualización, reposición de equipos y mantenimientos. En los últimos ocho años, manifestó Ecopetrol, se han destinado US$4 mil millones.

Fuente: http://www.elespectador.com/noticias/economia/los-vericuetos-de-historia-de-refineria-de-cartagena-articulo-579102

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